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Qué pasa con tu web si mañana desaparece quien te la hizo

Inovateck ·

Es una pregunta que casi nadie hace al contratar y que casi todo el mundo acaba haciéndose en el peor momento posible: cuando el proveedor no contesta, ha cerrado, o simplemente la relación se ha roto y hay que llevarse la web a otro sitio.

La respuesta depende de quién tenga cinco llaves. Puedes averiguar cuáles tienes tú en unos diez minutos, y merece la pena hacerlo hoy aunque estés contento con tu proveedor. Sobre todo si estás contento: es cuando resulta fácil arreglarlo.

Las cinco llaves

LlaveQué esQué pasa si no la tienes
El dominioTu dirección en internetLo pierdes todo: web, correo y el nombre. Es la peor de las cinco.
El DNSDónde apunta ese dominioNo puedes mover la web ni el correo a otro sitio
El alojamientoEl servidor donde viveDependes de que alguien siga pagándolo y manteniéndolo
El códigoLa web en síHay que rehacerla desde cero
La base de datosContenidos, clientes, pedidosPierdes el histórico, que suele valer más que la web

La confusión más habitual y más cara es entre tener acceso y ser titular. Que te hayan dado un usuario y una contraseña para entrar al panel no significa que el dominio sea tuyo. Si figura otro nombre como titular, esa persona puede cambiar la contraseña, no renovarlo o venderlo, y tú no tienes nada que hacer.

Cómo comprobarlo en diez minutos

El dominio: quién figura como titular

Busca «whois» seguido de tu dominio en cualquier buscador y usa uno de los servicios de consulta que aparecen. Fíjate en tres campos:

  • Registrante o titular. Tiene que ser tu empresa o tú. Si aparece tu agencia, tienes un problema aunque hoy no lo parezca.
  • Fecha de caducidad. Anótala en el calendario. Los dominios se pierden por no renovarse, no por conspiraciones.
  • Correo de contacto administrativo. Si es una dirección de tu proveedor y no tuya, los avisos de renovación no te van a llegar a ti.

Un matiz para no alarmarse: muchos dominios tienen los datos ocultos por privacidad, sobre todo los de particulares. Eso es normal y no significa nada malo. Lo que sí puedes hacer es pedir a tu proveedor una captura del panel del registrador donde se vea el titular.

El resto: cuatro preguntas por escrito

Manda un correo —por escrito, no por teléfono— con estas cuatro preguntas. La respuesta, y también la rapidez con que llegue, te dice mucho:

  1. ¿A nombre de quién está registrado el dominio, y en qué registrador?
  2. ¿En qué proveedor está alojada la web y a nombre de quién está esa cuenta?
  3. ¿Puedo tener una copia completa del código y de la base de datos?
  4. Si mañana decidiera cambiar de proveedor, ¿qué me entregaríais y en cuánto tiempo?

Un proveedor que trabaja bien responde a esto sin ponerse a la defensiva, porque no le supone ningún riesgo: su cliente se queda por el trabajo, no porque no pueda irse.

Señales de que la dependencia es excesiva

  • No sabes en qué empresa está alojada tu web.
  • No tienes ninguna copia de seguridad en tu poder, solo la promesa de que existen.
  • Cambiar un texto exige pedirlo, esperar y a veces pagarlo.
  • Tu correo profesional depende del mismo panel que la web y lo gestiona el proveedor.
  • Cuando has preguntado por la titularidad, la respuesta ha sido vaga.
  • No existe contrato escrito, solo un presupuesto aceptado por correo.

Una o dos de estas es normal y se arregla. Cuatro o cinco significa que tu presencia digital no es tuya, sino prestada.

Qué pedir por contrato antes de firmar

Es mucho más fácil pactarlo al principio que reclamarlo después. Cuatro puntos, y ninguno debería generar resistencia:

  • Titularidad del dominio a nombre del cliente, con el correo administrativo del cliente. El proveedor puede gestionarlo perfectamente sin ser el titular.
  • Titularidad del código y de la base de datos, dicho de forma explícita. Si el proyecto usa componentes de terceros con su propia licencia, que se indique cuáles.
  • Derecho a una copia completa cuando la pidas, no solo al terminar el proyecto.
  • Qué se entrega si la relación acaba, y en qué plazo. Que exista esta cláusula es, en sí mismo, la mejor señal.

En nuestros proyectos esto se acuerda por escrito desde el principio: los datos y los accesos son del cliente, y la titularidad del código queda fijada en el contrato antes de empezar, para que nadie tenga que adivinarla después. No es generosidad, es lo que evita conversaciones desagradables más adelante.

Si ya estás atrapado

Se sale, casi siempre, y en este orden:

  1. Primero el dominio. Solicita el código de autorización para transferirlo a un registrador tuyo. Es tu derecho si eres el titular; si no lo eres, es una negociación, y conviene empezarla en buenos términos.
  2. Después el contenido. Aunque no consigas el código, el contenido público se puede recuperar. Lo que no se recupera es lo que está detrás de un acceso privado: clientes, pedidos, histórico.
  3. Luego el correo, que suele ser lo más urgente en la práctica y lo que menos se prevé. Si tus cuentas dependen del mismo panel, sepáralas antes de mover nada más.
  4. La web, la última. Rehacerla es caro pero es posible. Perder el dominio o la base de clientes, no tanto.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que la agencia gestione el dominio?

Gestionarlo sí, y es cómodo. Ser la titular, no. Son dos cosas distintas y se pueden separar sin que el proveedor pierda ninguna capacidad de trabajar.

¿De quién es el código de una web hecha a medida?

De quien diga el contrato. Sin contrato la situación es ambigua y depende de cada caso, que es precisamente lo que no quieres cuando la relación se ha roto. Por eso conviene que esté escrito.

Mi web está hecha con WordPress, ¿esto me afecta igual?

Las cinco llaves son exactamente las mismas. La diferencia es que el código base es libre y hay mucha gente que sabe manejarlo, así que la parte de «rehacer la web» es menos grave. El dominio, el correo y la base de datos siguen siendo igual de críticos.

¿Y si mi proveedor simplemente cierra?

Si eres titular del dominio y tienes una copia del código y de la base de datos, es un fastidio de unos días. Si no tienes ninguna de las tres cosas, puede ser el final de tu presencia digital tal y como la conoces. Toda la diferencia está en unas comprobaciones que cuestan diez minutos.

Haz la comprobación aunque no cambies nada

No hace falta que desconfíes de nadie para consultar tu whois y mandar cuatro preguntas por correo. Si todo está en orden, te quedas tranquilo. Y si no lo está, lo has descubierto en un momento en que aún se puede arreglar por las buenas.

Si quieres que le echemos un vistazo, cuéntanos tu caso: te decimos qué llaves tienes y cuáles no, sin que eso implique cambiar de proveedor. Cómo trabajamos nosotros está en nuestros proyectos y en diseño y desarrollo web.

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